¡Oh, inefable niña!
Tan bella como una rosa.
¡Què divinos son tus ojos!
Con la mirada al cielo pareces,
descubrir entre las nubes,
la pureza y el amor.
Con tus cabellos trenzados,
luces una doncella,
que a cada momento suspira,
por la dicha y la bondad.
Con tus labios tiernecitos,
unos pètalos de miel,
emanas cuantos aromas,
alimentan la amistad...
Yo, un poeta que canta,
notas las de una diosa,
a una linda chiquilla,
con alma de risueñora.
